El verano trae consigo cambios de temperatura y un estilo de vida más relajado que a veces se traduce en comidas copiosas, excesos de alcohol y horarios irregulares. Para mantener una buena salud digestiva, es fundamental adoptar hábitos saludables que ayuden a tu organismo a asimilar mejor los alimentos y eviten molestias como el reflujo, la hinchazón o la acidez.
En primer lugar, presta atención a la hidratación. El aumento de la temperatura corporal y la sudoración intensa pueden provocar deshidratación, lo que disminuye la producción de jugos digestivos y ralentiza el tránsito intestinal. Bebe al menos 1,5–2 litros de agua al día, y complementa con infusiones frías de menta o manzanilla, que ayudan a relajar el sistema digestivo y facilitan la digestión.
Asimismo, controla las raciones y la composición de tus comidas. En verano solemos optar por platos pesados o altos en grasas, además de postres muy elaborados. Introduce más frutas y verduras de temporada —ricas en fibra y agua— y elige cocciones ligeras como el vapor o la parrilla. Evita mezclar alcohol con comidas muy grasas o fritas, ya que puede irritar la mucosa gástrica y aumentar la sensación de pesadez.
Por último, mantén un ritmo de vida activo y moderado: realiza paseos tras las comidas para estimular el tránsito intestinal, practica ejercicio suave como natación o senderismo y cuida tus horarios para cenar al menos dos horas antes de acostarte. Un descanso adecuado favorece la regeneración de las paredes digestivas y previene el reflujo nocturno.


